Hoichi el desorejado (cuento de terror narrado por Lafcadio Hearn)

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Hace ya más de setecientos años que tuvo lugar, en los desfiladeros de Shimonoseki, en Dan-no-ura, el último combate de la gran contienda que sostuvieron los Heike, o clan de los Taira, con los Genji, o clan de los Minamoto. En esta batalla perecieron todos los Heike, con sus niños y mujeres, e igualmente su joven emperador, recordado ahora con el nombre de Antoku Tenno. Y aquellos mares y aquellas costas han sido frecuentados sin cesar por las almas de las víctimas durante siete siglos. En otro lugar he escrito algo acerca de los rarísimos cangrejos que se crían allí, conocidos como “cangrejos heike” porque en sus lomos se dibujan fieros rostros humanos, y de los que se dice que son los espíritus de los guerreros. En aquellas costas se ven y se oyen cosas extraordinarias. Durante las noches oscuras, miles de fuegos fatuos revolotean por las playas, o se deslizan rápidamente por encima de las olas a modo de pálidas luces blanccas; los pescadores las llaman Oni-bi, o “fuegos del diablo”. Y siempre que los vientos soplan en dirección a tierra, pueden oírse grandes alaridos que proceden del mar, gritos e imprecaciones tan ruidosas, que se dirían el clamor de una gran batalla.

cangrejo-heikeCangrejo Heike.

Antiguamente los Heike eran mucho más inquietos que ahora: acostumbraban a rodear los barcos que cruzaban por las noches sus dominios, y hacían todo lo posible por hundirlos. Si lo conseguían, atacaban a los náufragos, arrastrándolos hacia el fondo del mar. Con el fin de aplacar los espíritus de estos muertos fue edificado el templo budista de Amidaji, en Akamagaseki, y al lado del edificio principal se construyó un cementerio, muy cerca del mar. En él se erigieron monumentos, poniendo en ellos el nombre del emperador ahogado y de sus heroicos vasallos. Por las almas de los guerreros se celebraban regularmente en el templo infinidad de servicios y ceremonias budistas. Tras terminar el templo y erigir las tumbas en honor de los Heike, estos ya no causaron tantos disturbios como anteriormente; pero, a intervalos, continuaron haciendo cosas raras y misteriosas, para demostrar que aún no habían hallado la paz.

En Akamagaseki vivió, hace varios siglos, un ciego llamado Hoichi, que era muy célebre por su gran habilidad en el arte de recitar poesías y de interpretar música en el biwa. Desde su más tierna infancia fue educado para declamar versos y tocar el biwa, y siendo todavía mozalbete sobrepasaba ya en destreza y condiciones a sus maestros. Como profesional de este instrumento llegó a ser famoso, principalmente por sus recitados históricos de los Heiké y de los Genji. Según cuentan, cuando cantaba las tristes y evocadoras canciones del combate de Dan-no-ura “hasta los mismos duendes eran incapaces, de contener las lágrimas”.

En los albores de su artística profesión, Hoichi fue muy pobre; pero después encontró a un buen amigo que le prestó ayuda. El sacerdote del Amidaji sentía gran fervor por la música y por la poesía. Muy a menudo solía invitar al ciego para que diera representaciones poéticas en el templo. Más tarde, grandemente impresionado por el maravilloso dominio musical que poseía el ciego, le propuso que hiciera su vida y fijase su residencia en el templo de Amidaji. Hoichi aceptó la oferta muy agradecido. El sacerdote le destinó una cámara para él solo. En pago de la alimentación y la morada, el ciego no tenía otra obligación que la de alegrar con sus canciones los solitarios atardeceres de aquellos parajes, recitando leyendas musicales y siempre que no tuviera ninguna otra cosa que hacer.

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Grabado: El músico ciego Semimaru de Tsukioka Yoshitoshi.

Cierta noche, durante un verano, el sacerdote recibió aviso para ir a representar una ceremonia budista en casa de un feligrés suyo que había fallecido. Marchó acompañado de un acólito, quedando en el templo solamente Hoichi. La noche era muy calurosa, y el ciego buscó el fresco yendo a sentarse bajo el pórtico, que daba frente a su dormitorio. Desde el pórtico se distinguía perfectamente un diminuto jardín que rodeaba la parte zaguera del Amidaji. Hoichi se acomodó en aquel sitio y esperó la vuelta del sacerdote. Para distraer su soledad ensayó en el biwa algunas canciones. Transcurrió la media noche, y su protector no había regresado. Mas como el viento era demasiado sofocante aún, permaneció sentado. Poco tiempo después oyó pasos hacia la puerta trasera. Alguien atravesaba el jardín, avanzando hacia el pórtico, y se detenía frente a Hoichi; pero no era el sacerdote. Una voz profunda y sonora llamó por su nombre al trovador, y lo hizo de un modo áspero y descortés, de la misma manera que lo hacen los samuráis cuando dan órdenes a sus inferiores.

 —¡Hoichi!

Éste se asustó, y durante el primer momento no pudo responder. Y la voz habló de nuevo, en tono de áspero mandato:

—¡Hoichi!

—¡Hai! —respondió el músico, temblando ante la amenaza que se adivinaba en el metal de aquella voz—. Soy ciego… y no puedo saber quién me llama.

—¡No temas nada! —exclamó de un modo más benigno el recién llegado—. Resido en un lugar cerca de este templo, y me ordenaron traeros un mensaje. Mi señor actual, que es una persona de elevadísima alcurnia, ha llegado a Akamagaseki y trae una numerosa corte de servidores nobles. Mi señor deseaba visitar el sitio donde se verificó la famosa batalla de Dan-no-ura, y hoy lo ha recorrido. Hace tiempo que oyó hablar de tu destreza en el manejo de biwa y tus dotes poéticas en los recitados de los combates, y quiere oírte. Por lo tanto, prepara el instrumento y ven conmigo ahora mismo, que vamos a la casa en que está esperándonos la augusta reunión.

En aquellos tiempos era temerario tratar de resistirse a las órdenes de un samurái. Considerando esto, el ciego se calzó las sandalias, tomó el biwa y marchó con el enviado, quien le conducía bien, pero haciéndolo ir muy de prisa. La mano del guía era de hierro, y el rechinar de sus pasos demostraba que iba perfectamente armado: quizás sería algún centinela del palacio… Y las primeras alarmas de Hoichi desaparecieron; empezó a imaginar que el suceso traería buenas consecuencias para él, pues recordaba la afirmación del samurai acerca de “una persona de elevadísima alcurnia”, y dio en pensar que el señor que tanto empeño demostraba en oírle sería, cuan menos, un daimio de las primeras clases. En aquel instante el samurái se detuvo, y el trovador supo que habían llegado a una gran puerta, y se quedó estupefacto, porque no recordaba que en aquella parte de la ciudad hubiera una gran puerta, excepto la puerta principal de Amidaji.

—¡Kaimon! —exclamó el samurai. Y se oyó desatrancar una puerta, tras lo cual, ambos pudieron cruzar al interior. Atravesaron un espacio ajardinado y se detuvieron de nuevo delante de alguna entrada.

El acompañante gritó en voz alta:

—¡Venid aquí! ¡He traído a Hoichi!

Y sonaron ruidos de pasos rápidos, de biombos que se descorrían, de balcones que abrían sus ventanas, de voces femeninas que hablaban apresuradamente. Por el lenguaje de las mujeres conoció el ciegp que debían pertenecer a la servidumbre de una casa noble; pero no pudo adivinar a qué sitio le habían conducido. Poco tiempo tuvo para hacer conjeturas. Después de ayudarle a subir varios escalones de piedra, sobre el último de los cuales le mandaron dejar las sandalias, que se quitó con gran cuidado, sintió que las manos de una mujer le guiaban a través de interminables distancias de entarimados lisos y columnatas y sobre maravillosas anchuras de pisos esterados, que debían ser las vastas extensiones de algún colosal departamento. Al llegar, percibió una gran reunión de personas, y el frufrú de las sedas evocaba el zumbido de las hojas de un bosque al soplar el viento. También oyó el mosconeo de muchísimas voces, que hablaban en tonos reposados, y por las palabras que hablaban supuso que eran gentes principales.

Dijeron a Hoichi que se acomodara en el cojín que le habían preparado, y se sentó.

Después de afinar el biwa, la voz de una mujer, que el ciego se imaginó sería la Rôjo, o directora de los servicios femeninos, se dirigió al trovador y le habló así:

—Es necesario que recites la historia de los Heike, acompañando los versos con el biwa.

Pero la recitación completa requería varias sesiones, por lo que Hoichi se atrevió a decir:

—Como la historia entera es bastante larga, ¿qué parte de ella quiere oír el augusto auditorio que va a hacerme el honor de escuchar?

La voz femenina respondió:

—Canta la que se refiere a la batalla de Dan-no-ura, que es la parte de mayor emoción.

Hoichi elevó su hermosa voz y cantó el romance del combate librado en el mar embravecido. Su biwa imitaba de un modo asombroso el ritmo de los remos, las embestidas de las embarcaciones, el aleteo y el silbar de las flechas, los gritos, las imprecaciones y el correr de los hombres, el estrépito de las espadas al chocar contra las armaduras, el ruido seco que hacían los cadáveres al sumergirse para siempre en las furiosas y encrespadas olas…

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Grabado: Useugi Kenshin y el músico ciego de biwa de Tsukioka Yoshitoshi.

A un lado y a otro, durante las pausas, oía exclamaciones de alabanza por su trabajo:

—¡Es un artista maravilloso!

—¡En nuestra provincia nunca hubo un músico tan grande como este! ¡Ni en todo el Imperio hay un cantor que pueda igualarse con Hoichi!

Al darse cuenta del entusiasmo que producía, adquirió un nuevo vigor, y tocó y cantó aún mejor y con más brío que la vez anterior. Y a su alrededor se hizo un silencio de profunda veneración y respeto. Cuando, al final, empezó a describir el trágico destino de las mujeres y los niños, y la risueña muerte de Nii-no-Ama teniendo en sus brazos al emperador niño, los oyeron profirieron un prolongado grito de angustioso dolor, y desde aquel momento lloraron y gimieron tan ruidosa y desesperadamente, que el ciego tembló al considerar la violencia de la pena que había causado en los circunstantes. Los gemidos y los sollozos continuaron durante bastantes minutos. Poco a poco dejaron de oírse los ecos de las lamentaciones. Y de nuevo, en medio del gran silencio que siguió después, Hoichi oyó a la que él creía la Rôjo:

—Aunque ya habían llegado a nuestro conocimiento que eras un diestro tocador de biwa y sin igual en el arte de recitar, jamás pudimos suponer que fueras tan habilidoso como ahora has demostrado serlo. Nuestro augusto señor está muy complacido de ello, y desea conferirte una recompensa digna de tus grandes méritos. Pero quiere también que vengas durante seis noches seguidas, al transcurrir las cuales piensa regresar al palacio. Mañana, y a la misma hora, deberás regresar. El criado que hoy te ha conducido hasta aquí te irá a buscar. Hay otro asunto del que debo informarte: durante el tiempo que nuestro augusto señor permanezca en Akamagaseki no hablarás absolutamente a nadie de tus visitas a esta casa. Nuestro gran señor viaja de incógnito y ha mandado que no se haga pública su estancia. Y ahora eres libre de regresar al templo.

En cuanto Hoichi dio las gracias por la atención recibida, una mano delicada y juvenil le condujo hasta la entrada de la casa, y desde allí le llevó de vuelta al templo. Ya en el pórtico se despidieron, y el samurai desapareció.

Cuando regresó el ciego casi despuntaba ya la aurora; pero no se notó su ausencia, porque el sacerdote había vuelto muy tarde y le creyó durmiendo. Durante el día, Hoichi descansar. Tal como le habían indicado, nada dijo de su fantástica aventura. Al llegar la siguiente noche, el mismo samurái vino a buscarle. En la reunión obtuvo el mismo gran éxito de su recital anterior. Pero durante la segunda visita advirtieron su ausencia del templo a causa de una circunstancia fortuita. Al regresar por la mañana, lo llevaron ante el sacerdote, el cual, en tono cariñoso, le dijo:

—Mi querido amigo Hoichi: hemos estado intranquilos. Salir tú solo a tales horas, ciego como estás, es muy peligroso. ¿Por qué no nos lo has dicho? Hubiera ordenado que te acompañaran. ¿Dónde estuviste?

El músico de un modo evasivo, respondió:

—¡Perdonadme, cariñoso amigo! Tenía que arreglar varios asuntos particulares. No puedo hacerlo a otra hora…

La reticencia de Hoichi causó más sorpresa que pesar en el ánimo del buen sacerdote. No le parecía natural, y sospechó algún extravío. Se imaginaba que el ciego había sido embrujado o alucinado por los malos espíritus. Nada más le preguntó; pero hizo llamar a sus criados y les comunicó órdenes secretas para que vigilasen los movimientos de Hoichi, siguiéndole si volvía a dejar el templo al llegar la próxima noche.

Y en efecto, el músico fue visto al salir del templo. En seguida, los sirvientes encendieron sus linternas y se dispusieron a seguirle. Pero la noche era oscura y muy lluviosa, y antes de que ellos pudieran llegar a la carreterar ya había desaparecido el trovador. Evidentemente, había caminado muy de prisa, y esto era una cosa bien extraña, teniendo en cuenta su ceguera y el pésimo estado del camino. Los criados cruzaron con rapidez calles y más calles, preguntando en todas las casas que acostumbraba a visitar Hoichi; pero no supieron darles noticia alguna.

Regresaron al templo siguiendo el camino de la costa. Y de repente quedaron asombrados al oír los acordes de un biwa que sonaba de un modo furioso en el cementerio del Amidaji. Exceptuando algunos fuegos fatuos, cosas usuales en estos parajes, y más que nunca en las noches tormentosas, todo era oscuridad en aquella dirección. Se apresuraron a entrar en el cementerio. Y por medio de las linternas que llevaban pudieron descubrir a Hoichi. La lluvia caía incesante sobre él. Estaba solo y, sentado delante de la tumba inmemorial de Antoku Tenno, rasgueaba con gran pasión las cuerdas de su biwa y al mismo tiempo cantaba desaforadamente los versos de la batalla de Dan-no-ura. Y detrás de él, y delante, y a su alrededor, ardían las llamas espectrales de los muertos, y parecían velas mortecinas, aunque no despedían luz, porque estos fuegos no proyectan resplandores sobre las superficies. Jamás ningún huésped de Oni-bi se presentó a la vista de un ser humano con mayor grandeza evocativa.

—¡Hochi-San! ¡Hoichi-San! —gritaron los sirvientes—. ¡Hoichi-San!

Pero el ciego pareció no oírles. Golpeó vigorosamente su instrumento y repiqueteó el biwa con gran fuerza, y a cada instante cantaba con más brío y con más nerviosidad la canción de la batalla.

—¡Hoichi-San! ¡Hoichi-San! ¡Venid con nosotros!

Pero él respondió, con malos modos:

—¡No puede tolerarse el que me interrumpáis de una manera tan desvergonzada estando delante de una reunión de tan ilustres personas!

Al escuchar esto, y a pesar de lo terrorífico del caso, los sirvientes no pudieron contener la risa. Indudablemente estaba embrujado. Se sentaron a su lado, y después de grandes trabajos lograron llevarle al templo, donde le despojaron de sus vestidos, que estaban empapados de agua. Por mandato del sacerdote le hicieron comer y beber. Después le exigió una explicación completa acerca de las causas de su fantástica conducta.

Hoichi dudó largo rato entre hablar y callarse; pero viendo que su conducta tenía realmente alarmado al buen sacerdote, decidió explicarse con claridad. Y refirió todo lo que le había ocurrido desde la noche en que recibió la primera visita del samurái.

El sacerdote le dijo:

—¡Hoichi, mi amigo Hoichi! ¡Te encuentras en un gran peligro! ¡Qué desgracia! ¿Por qué no me lo has dicho antes? Tu maravillosa destreza en el arte de la música te ha llevado ciertamente a un extremo bien lastimoso. Y ahora es preciso que sepas que no has estado visitando ninguna casa, sino que pasaste las noches entre las tumbas de los Heike. Cuando te vieron los sirvientes estabas delante de la tumba inmemorial de Antoku Tenno. Todo lo que has imaginado no era más que una ilusión de tus pensamientos, excepto la llamada de los muertos. Pero, por haberlos obedecido una vez, estás voluntariamente en su poder. Si los obedeces de nuevo después de lo que ya ha ocurrido, destrozarán tu cuerpo, haciéndote pedazos. En cualquier caso terminarán por asesinarte. Me es imposible acompañarte esta noche. He recibido aviso para ir a prestar un servicio religioso. Pero antes de irme haré lo necesario para proteger tu cuerpo escribiendo textos piadosos sobre él.

 A la hora del crepúsculo, el sacerdote y su ayudante desnudaron al trovador, y, valiéndose de unos pinceles, le trazaron en el pecho, en la espalda, en los labios, en las manos y en las piernas, en fina, hasta en las plantas de los pies, el texto piadoso del sutra llamado Hannya-Shin-Kyo. Cuando terminaron esta operación el sacerdote dijo a Hoichi:

—Esta noche, poco tiempo después de que yo marche, te irás a sentar en el pórtico, y esperarás allí. Probablemente vendrá una voz y te llamará; pero, ocurra lo que ocurra, no contestes ni te muevas. Seguirás sentado y sin hablar, meditando. Si te agitas o haces algún ruido, serás partido en dos trozos. No temas nada, ni tampoco intentes pedir ayuda, porque ninguna ayuda humana podría salvarte. Si cumples todas las instrucciones según te las doy, el peligro desaparecerá y no tendrás nada que temer de aquí en adelante.

Llegada la noche, el sacerdote y su acólito salieron; Hoichi fue a sentarse en el pórtico. Dejó su biwa en la tarima, y, adoptando una actitud reflexiva, permaneció enteramente quieto, cuidando de no toser ni respirar de un modo perceptible. Así transcurrieron varias horas.

Hasta que al fin oyó ruido de pasos que se acercaban. Sintió cruzar la puerta, hacia el jardín, y notó que se aproximaban al pórtico, deteniéndose frente a él.

—¡Hoichi! —gritó la voz profunda. Mas el cieguecito contuvo su respiración y quedó inmóvil.

—¡Hoichi!

Pero el cantor seguía mudo y tan silencioso como una piedra. Y la voz gruñó sordamente:

—¡No contesta! ¡Nunca ha hecho eso! Veamos dónde está…

Se oyó el ruido acompasado de unos pies que subían hacia el pórtico y se detuvieron cerca de Hoichi. Durante varios minutos reinó un silencio de muerte. El músico sintió que su cuerpo se estremecía y que su corazón latía desordenadamente. Por último, la ruda voz susurró en los mismos oídos del ciego:

—¡Aquí está el biwa! Pero del trovador no veo más que sus dos orejas… ¡Ahora ya entiendo por qué no contestaba! No puede hablar porque no tiene boca; de él no han quedado más que las dos orejas. Debo llevar estas orejas a mi señor para demostrarle que su augusta orden ha sido cumplida en lo posible.

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Ilustración de autor desconocido sobre Hoichi el desorejado.

En aquel instante Hoichi sufrió un profundo dolor: algo le atenazó las orejas y… ¡zas!, se las arrancó. No profirió el menor grito. Oyó pasos que retrocedían, después caminaban a lo largo del pórtico, bajaron al jardín, salieron a la calle, y enseguida dejaron de escucharse. De ambos lados de la cabeza del trovador manaba la sangre en abundancia, y sintió un cálido goteo, pero no se atrevía a levantar las manos.

El sacerdote regresó antes de salir el sol. Fue directamente hacia el pórtico, y se detuvo, pues había resbalado sobre algo viscoso, y gritó horrorizado. Con la luz de su linterna acababa de observar que la viscosidad era un gran chorro de sangre coagulada. Encontró a Hoichi, sentado y meditando, tal como le había ordenado al marchar. De sus heridas seguía cayendo la sangre.

—¡Pobre, pobre Hoichi! —gritó aterrado el sacerdote—. ¿Qué es esto? ¿Estás herido?

Al reconocer la voz de su amigo, el músico se sintió en salvo. Y rompió en sollozos desgarradores. Y le refirió el terrible suceso nocturno.

—¡Pobre, pobre Hoichi! ¡Y ha sido culpa mía! Por todas las partes de tu cuerpo había puesto infinidad de textos sagrados… ¡por todas partes menos en las orejas! Confié a mi acólito el que hiciera esa operación, y ha sido mi falta el no haber inspeccionado la forma en que lo había hecho. ¡Pero ya no tiene remedio! Solamente nos queda tratar de curar tus heridas del mejor modo que esté a nuestro alcance. ¡Ánimo, querido amigo! Ya pasó el peligro y no volverás a recibir la visita de aquellos fantasmas.

Con la ayuda de un buen médico, Hoichi se curó pronto de sus heridas. La historia de su escalofriante aventura se divulgó por todas las regiones vecinas, otorgándole gran fama al valiente trovador. Centenares de nobles viajaban a Akamagaseki solo para oírle cantar. Admirados por su talento con el biwa, muchos le ofrecían cuantiosos donativos, y así Hoichi llegó a ser un hombre de gran fortuna. Desde entonces se le conoció por el apodo de Mimi-Nashi-Hoichi, “Hoichi, el músico desorejado”.

Leyenda japonesa narrada por Lafcadio Hearn en su libro “Kwaidan”, publicado por Siruela. Extraído y adaptado del texto según aparece en Go Ediciones.

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Ganadores del 4º concurso de haikus

Este año 204 personas han participado en el 4º concurso de haikus de la librería Haiku. En total hemos recibido más de 300 poemas en 3 categorías: mejor haiku en castellano, millor haiku en català y mejor haiga (haiku acompañado de imagen), optando a los premios que consistían en lotes de libros de las editoriales Satori y Shinden, así como vales para comprar en Haiku.

a75a41c508f6e67579c02b3d426de95bGrabado: Belleza y tréboles de Itô Shinsui.

Además de ser el año de mayor participación, también el nivel ha sido alto y por ello hemos tenido que deliberar largo y tendido para seleccionar las obras ganadoras. A continuación os dejamos con los 8 haikus que a nuestro gusto han destacado por mantener la esencia del haiku japonés, ajustándose en lo posible a su métrica. Deseamos que os gusten y damos la enhorabuena a los autores y autoras.

1º premio al mejor haiku en castellano:

En este mundo
la mariposa y yo
nos sorprendemos

(Annabel López Iniesta)


2º premio al mejor haiku en castellano:

en el camino
entre ruinas de piedra
futuras moras

(Silvia Fernández Fernández)


3º premio al mejor haiku en castellano:

El mediodía.
Un caballo bebiendo
lluvia de ayer.

(Lester Flores López)


1r premi al millor haiku en català:

Silenciosament
Els ocells entre les flors
Volen els pètals

(Gemma Goula)


2n premi al millor haiku en català:

Al fons del bassal
les fulles es veuen
abans de caure

(Ramón Villacampa Sipán)


3r premi al millor haiku en català:

Xim-xim de pluja,
la fulla del plataner,
l’aranya a sota.

(Josep Rodríguez i Ferrer)


Premio al mejor haiga con fotografía:

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En un raig de llum
s’escampa i ressona
tanta bellesa!

(Gemma Goula)


Premio al mejor haiga con pintura:

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Sobre la tumba
de mi pequeño perro
creció un ciruelo.

(Laura Tomás)


Como cada año, próximamente colaboraremos con la editorial Shinden para publicar un libro con una selección de los haikus ganadores y otros poemas finalistas que nos han gustado especialmente de entre todos los que hemos recibido. El libro se titulará En este mundo y confiamos tenerlo a punto para finales de noviembre o primeros de diciembre. Oportunamente nos pondremos en contacto con los autores y autoras seleccionados para obtener su autorización.

Agradecer una vez más a las editoriales Satori y Shinden su colaboración en el certamen. Y sobre todo damos las gracias a todas las personas que han participado en el concurso enviando sus poemas. Os animamos a seguir escribiendo, leyendo y compartiendo poesía japonesa. El año que viene convocaremos las bases del 5º concurso a principios de agosto. ¡Hasta entonces!

Colaboradores:

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Yukio Mishima – Una vida en venta

Leyendo a Mishima, estamos acostumbrados a una prosa densa y oscura, pulida pero exigente, de ideas poderosas y a menudo controvertidas… Por eso, cuando en Japón se reeditó Una vida en venta hace 5 años, a los jóvenes japoneses les sorprendió encontrarse con una novela radicalmente opuesta a la idea preconcebida que tenían de este escritor: una novela fresca, amena, divertida, comercial pero cargada de mensajes actuales, humorística… En definitiva, un Mishima diferente que ha conectado con una nueva generación de lectores, convirtiéndose en un éxito póstumo.

Una-vida-en-venta-Yukio-Mishima

Ahora recibimos esta impecable traducción desde el japonés a cargo de los traductores Keiko Takahashi y Jordi Fibla. Una oportunidad de leer a un Mishima diferente, como decíamos, si bien totalmente reconocible: bajo la trama de sociedad secretas y personajes estrambóticos (por ejemplo, una mujer vampira) que quieren comprar la vida del protagonista, aquí están sus ideas sobre la muerte y el suicidio, incluso destellos del bushido con frases que parecen extraídas del Hagakure.

“A partir de ahora deje de pensar en cosas innecesariamente difíciles. Tanto la vida como la política son más superficiales de lo que se cree. Claro que para poder pensar así hay que estar dispuesto a morir en cualquier momento. Es el deseo de vivir el que hace que uno lo vea todo complicado y misterioso.”

Debajo de todas las máscaras, y con la excusa de ser un mero divertimento, quizás sea uno de sus libros más honestos. Detalle significativo este al tratarse de una de sus últimas obras: se publicó por entregas en la revista Playboy a lo largo de 1968, dos años antes de su suicidio mediante seppuku. El ritmo de la narración está marcado por la forma en que se publicó la obra originalmente, con capítulos que acaban casi siempre con un gancho y una trama llena de giros, sorpresas y episodios autoconclusivos que acaban formando parte de un todo. En cierto sentido, nos ha recordado al libro La caza del carnero salvaje de Haruki Murakami: en ambas obras, un hecho sin demasiada importancia trae a la vida de un protagonista solitario encuentros con personajes extraños que le harán investigar y le pondrán en peligro.

Puede que la prosa de Una vida en venta no esté tan trabajada como su gran tetralogía El mar de la fertilidad, que estaba escribiendo en la misma época, pero a cambio gana en frescura y agilidad. Dos valores que no solemos asociar a Yukio Mishima y que aquí brindan un encanto especial a la obra, donde también aparecen esas imágenes inusualmente bellas de otros textos del autor. Pero aquí prescinde de ese tono nihilista, torturado y destructivo que impregna la mayor parte de su corpus literario, para construir un texto luminoso y esperanzador: ¿puede la sed de morir devolver las ganas de vivir?

Yukio-Mishima

En definitiva, Una vida en venta es una novela sorprendente, recomendable tanto para quienes creían haberlo leído ya todo de Yukio Mishima como para lectores que quieran conocerlo pero no se habían atrevido todavía. Como la mayoría de sus libros, lo ha publicado Alianza Editorial. En la librería Haiku encontrarás todas las obras de Yukio Mishima.

“Allí estaba él, yendo raudo en pos de la muerte, poniendo en ello todo su empeño, mientras que aquel matrimonio no tenía ninguna prisa por morir. En el suelo del jardín estaban diseminados pétalos de flor de cerezo que el viento había transportado desde algún lugar. Era de día, pero la sala estaba sumida en una fresca penumbra mientras la blanca mano del anciano pasaba las páginas de la antología poética. Él y su esposa dedicaban el tiempo a tejer su muerte lentamente, como si estuvieran tejiendo un suéter, preparándose para la llegada del invierno. ¿De dónde procedía semejante serenidad?”

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Secretos de Kioto: los jardines zen del templo Tofuku-ji

La palabra Tofuku-ji le sonará a cualquier visitante de Kioto: es una estación de enlace muy utilizada, a una sola parada de la estación central de la ciudad y que une trenes locales con las líneas que se dirigen hacia el sur, precisamente las que llevan a lugares tan turísticos como Fushimi-Inari, Uji o Nara. En mi tercer viaje, analicé el nombre Tofuku-ji (東福寺): significa templo Tofuku, templo de la fortuna del este, y me propuse ir a verlo, movido por la curiosidad de conocer un templo cuya estación se visita casi a diario cuando estás en Kioto. En la guía de viaje solo mencionaban el Tofuku-ji de pasada, destacando eso sí sus jardines.

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Después de unos diez minutos paseando por unas tranquilas calles residenciales, llegué a la impresionante puerta de entrada del Tofuku-ji: la Sammon data del 1425 y es la puerta zen más antigua que se conserva en Japón. Todo el recinto se construyó en el siglo XIII, aunque debido a varios incendios, la mayoría de edificios son reconstrucciones del siglo XV. El Tofuku-ji nació como réplica de los mejores templos de Nara, pero hoy en día destaca por dos cosas: el follaje que lo envuelve, muy popular en otoño con los tonos rojizos de los arces pero también espectacular en primavera, y los cinco jardines zen dispuestos en diferentes espacios del templo.

El follaje se puede contemplar desde una galería aérea que atraviesa los árboles. Un paisaje que deja sin aliento: solo parece existir ese bosque y los tejados del templo. Como decía, es uno de los puntos preferidos por los habitantes de Kioto para contemplar el momiji en noviembre, pero en plena primavera los cambiantes tonos de verde de la vegetación también ofrecen un buen espectáculo.

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Después, es momento de descubrir los sorprendentes jardines zen que atesora el Tofuku-ji. No son tan populares como el famoso jardín seco del Ryoan-ji (龍安寺), al noroeste de Kioto, pero al igual que este pertenecen al estilo karesansui, jardines secos, y os sorprenderán por los distintos juegos de piedras, arena y musgo. Son muy apreciados por los japoneses.

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En uno de los laterales del recinto encontraréis otro jardín zen, este más amplio, integrándose con el propio bosque que rodea el lugar. Aquí hay unos bancos perfectos para relajarse y reponer fuerzas antes de dar un último paseo por los jardines que llevan hasta la salida. Aunque desde la cercana estación de Tofuku-ji es fácil llegar al santuario Fushimi-Inari o incluso a Nara, es preferible dedicar el resto del día a otro tipo de actividades, para que el recuerdo de los jardines del Tofuku-ji termine de asentarse en la mente.

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Más información sobre el templo, plano e indicaciones de acceso en su web oficial.

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Sant Jordi 2018: selección de literatura japonesa

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Dos amantes leyendo una carta (Eisen Ikeda)

Como cada año, nos gusta recomendarte los mejores libros para regalar o autorregalarse en el Día del Libro. Sabemos que en los meses y semanas previos a Sant Jordi aparecen muchas novedades literarias y no es fácil bucear en ellas: con esta selección, creemos que acertarás. Novela, cuentos, ensayo, manga, libros para los más creativos… Además, en la librería nos encantará recomendarte otros títulos.

9788417308223_L38_04_xLos placeres de la literatura japonesa (Donald Keene, ed. Siruela)

Haiku o kabuki son palabras que nos suenan… ¿pero cómo se originaron las artes literarias japonesas? El autor explora la narrativa, la poesía y el teatro japoneses desde sus orígenes, ofreciendo de manera amena las claves para comprender por qué son tan breves sus poesías o tan evocadoras sus prosas. Un libro para seguir aprendiendo sobre aquello que ya creíamos saber.

 


portada_lagartija_banana-yoshimoto_201708241938Lagartija (Banana Yoshimoto, ed. Tusquets)

Esta escritora es como una amiga que no solo nos escucha cuando lo necesitamos: también nos abraza hasta que dejamos de llorar. Lagartija es un recopilatorio de seis historias reconfortantes, seis personajes que harán las paces con un pasado complicado. Una prosa ligera que lo hace todo más llevadero. Siempre se puede contar con las obras de Banana Yoshimoto.


9788420431864La Oficina de Estanques y Jardines (Didier Decoin, ed. Alfaguara)

Un viaje al Japón de la época Heian, en el siglo XI, pero la cara más desconocida: la de la gente humilde, alejada de faceta sofisticada vida en la corte imperial. La epopeya de Miyuki para transportar hasta su destino los últimos peces que atrapó su marido antes de morir es también una preciosa alegoría sobre el proceso de pérdida y duelo. Un libro para deleitarse desde el sofá.


escopetaL’escopeta de caça (Yasushi Inoue, ed. Quid Pro Quo)

Una petita joia que acaba de traduïr-se al català. Un home rep les cartes de tres dones on s’hi despullen tres cares de l’amor. Amb frases breus però suggeridores, l’autor construeix una obra d’aquelles que segueixes recordant molt després de tancar el llibre.

El dia de Sant Jordi comptarem amb el seu traductor, Jordi Mas López, signant-ne exemplars de 12:00 a 13:00. Descobreix totes les signatures que acollirem.

Lamentablemente, la edición en castellano lleva años descatalogada.


214Japón perdido (Alex Kerr, ed. Alpha Decay)

Es diferente el Japón que idealizamos la primera vez que oímos hablar de él y el Japón que nos encontramos al aterrizar allí. Y sin embargo, son el mismo lugar. El autor de este apasionante ensayo se embarca en la misión de encontrar ese paraíso perdido en medio de los cables de alta tensión que surcan los cielos. El testimonio de alguien tan fascinado por la cultura japonesa que llegó al punto de construirse su propia casa en Japón.


0755c9482a0199e3df6c6c50e7051fe6e4c94c78Un artista del mundo flotante (Kazuo Ishiguro, ed. Anagrama)

La segunda novela del premio Nobel de Literatura 2017 fue la última que ambientó en su Japón natal. Con excelente prosa, dofisificando sabiamente la información y retratando a los personajes con todas sus aristas, Ishiguro no duda en analizar el turbulento pasado bélico de la era Shôwa. Leída hoy en día, treinta años después de su publicación, esta obra nos sirve de recordatorio para un presente preocupante.


71ff0HvpXzLRakugaki (Bunpei Yorifuji, ed. Blackie Books)

Detrás de un libro de aspecto divertido, se esconde una invitación a potenciar nuestra imaginación. Atrevernos a materializar aquello que solo da vueltas en nuestra cabeza, a la espera de que llegue ese “algún día…”. Con pasos sencillos, el autor nos guía a través del proceso de creación. Lo mejor es que el libro no solo sirve para dibujar: se trata de ser capaces de imaginar más y mejor y así mejorar el mundo.


EVE76482Ikigai esencial (Ken Mogi, ed. Vergara)

¿Qué podemos aprender de la cultura japonesa? La palabra ikigai, “razón de vida”, cada vez es más conocida: a todos nos gustaría encontrar ese motivo que nos hace levantarnos cada día. Pero este libro explora más conceptos, como el precioso kodawari (la dedicación con los cinco sentidos a aquello en lo que nos sabemos buenos). A través de ejemplos, desde un restaurante de sushi hasta la construcción de los trenes bala, vamos entendiendo porqué nos gusta tanto Japón. Un libro para motivar a personas que necesitan ese pequeño empujón.


9788494746741El tren nocturno de la Vía Láctea (Miyazawa Kenji, ed. Satori)

Con una cuidada edición, desde la bella portada, hasta la excelente traducción, pasando por una cubierta interior con el mapa del trayecto de este tren estelar, Satori Ediciones nos acerca a un autor muy querido por los japoneses. Miyazawa lleva décadas haciendo soñar a niños y mayores con sus historias mágicas y sensibles. Este volumen reúne tres de sus mejores relatos.

El miércoles 18/04 a las 19:00h presentaremos otro volumen de Satori con cuentos para soñadores: El pájaro demoníaco de Satô Haruo.


9788494712982Luz brillante (Kaori Ekuni, ed. Funambulista)

Cumplir socialmente es imprescindible en la sociedad japonesa. Los protagonistas de esta novela deciden casarse para cumplir de cara a la sociedad… pero también para poder vivir plenamente sus vidas. A él le gustan los hombres y ella padece ataques nerviosos que la obligan a mantenerse al margen del día a día. Una novela contenida y sutil sobre personas que se atreven a ser ellos mismos en una cultura que condena lo diferente. Una autora muy popular en Japón que aquí todavía está por descubrir.


descargaLa ciudad del sol poniente (Kazumi Yumoto, ed. Nocturna)

La cuarta novela que recibimos de esta escritora nos lleva de ciudad en ciudad igual que sus protagonistas, una madre y su hijo que ruedan “como dos hojas transportadas por el viento”, hasta instalarse en la ciudad que da título al libro. Allí recibirán la visita del Viejo Teka. De la peculiar relación que se establece entre los tres, el niño conservará valiosos momentos que seguirán marcándole en el futuro. Una bonita historia familiar.


978841530794El bushido. El camí del samurai (Inazo Nitobe, ed. Angle)

Per fi en català un clàssic de les arts marcials i la filosofia japoneses: El bushido és un homenatge romàntic a aquells guerrers que es guiaven per un estricte codi d’honor, entrenant no només el cos i la destresa amb les armes: també cuidaven la ment i el gust per les arts tradicionals. Ja no hi són, però encara avui dia en podem aprendre molt, dels samurais.

Publicado en castellano por Satori Ediciones.


9788416407156Ramen. 40 recetas modernas y tradicionales (Nell Benton, ed. DK)

Con este libro podrás preparar ramen digno de un gran restaurante. Desde las recetas más habituales, hasta propuestas innovadoras e incluso versiones frías, este manual te enseña todos los pasos del proceso: la elaboración de los fideos, la cocción de caldos sabrosos y la importancia de todos los ingredientes de acompañamiento. Manual imprescindible sobre el plato de moda.


978950889262Momotaro (Carlos Higuera, ed. La Marca)

Adaptación de un cuento clásico japonés, la historia de un niño que nace de un melocotón (de ahí su nombre: momo significa melocotón) que con la ayuda de sus amigos animales derrotará al ogro que amenaza su pueblo. Con ilustraciones encantadoras, para niños y niñas de 3 a 6 años.


num1_ObuI-001Miss Hokusai, tomo 1 (Hinako Sugiura, Ponent Món)

¿Y si algunas obras de Hokusai en realidad las hubiera pintado su hija? Es el punto de partida de este manga que a lo largo de dos volúmenes nos adentra en los últimos años del Japón de la época Edo, a mediados del siglo XIX, cuando en medio de una creciente pobreza, una mujer lo tenía complicado para abrirse camino. Una historia atrayente narrada a través de viñetas que capturan aquel mundo flotante ahora desvanecido.


978848330980La clau (Junichirô Tanizaki, ed. Viena)

L’obra mestra de Tanizaki, autor expert en amors poc convencionals. En aquest llibre, considerat escandalós en el moment de la seva publicació, un matrimoni enceta un diari compartint-hi les fantasies més íntimes, cadascú per la seva banda, fent veure que no saben que l’altre membre de la parella també el llegeix (o no). Aquest joc eròtic els servirà per entendre’s de maneres que mai no haurien imaginat.

Publicado en castellano por Siruela.


ub. la cruz del surEn la quietud del mundo (Shinkichi Takahashi, ed. Pre-Textos)

Este poeta nadó entre la influencia del dadaísmo y otras vanguardias europeas, y la espiritualidad del budismo zen que abrazó en sus últimos años. Sus poemas construyen imágenes sorprendentes para hablarnos de nosotros mismos: de esa quietud que podemos encontrar en nuestro interior cuando permanecemos atentos a lo que nos rodea. Como escuchar el viento en un jardín zen de Kioto.


pachinkoPachinko (Min Jin Lee, ed. Quaterni)

Una gran novela que sigue las vivencias de una familia coreana abriéndose paso en Japón a lo largo de ocho décadas. A veces perseguidos y siempre marginados, los miembros de esta familia rodarán por el Japón de la guerra y la posguerra como bolas del juego pachinko: buscando una oportunidad que siempre parece cerca, pero nunca se consigue.


Encontrarás todos estos libros en la librería (C/Montseny 7, Barcelona) y en nuestra tienda online. El lunes 23 de abril (Diada de Sant Jordi), la librería Haiku amplía su horario de 9:00 a 21:00h. Ese día disfrutarás de un 10% de descuento en los libros que compres. Te invitamos además a conocer las firmas de autores y autoras que acogeremos a lo largo de la jornada. ¡Te esperamos! Felices lecturas.

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El templo Gôtokuji y la leyenda del maneki-neko

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El maneki-neko (招き猫) es el famoso gato de la fortuna japonés. Este amuleto con una de las patas levantadas trae suerte a su poseedor y aunque existen varias leyendas alrededor de su origen, la más popular es la del templo Gôtokuji (豪徳寺), en Setagaya, un barrio a pocas estaciones de Shinjuku.

LA LEYENDA
En el siglo XVII, el Gôtokuji era un humilde templo budista a las afueras de Edo, la antigua Tokio. El monje que lo cuidaba tenía un gato a su cargo. Un día, mientras barría, el monje echó al gato a escobazos porque le estaba estorbando y continuó con sus tareas. Al poco rato, entró en el templo un samurái llamado Ii Naokata, acompañado de todo su séquito. Naokata le contó al monje que mientras pasaban por delante del recinto, su gato les había saludado con la pata, como invitándoles a entrar. Llevados por la curiosidad, habían entrado.

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Una de las puertas de entrada del Gôtokuji.

El monje se apresuró a la cocina. Allí regañó al gato por su atrevimiento, pero enseguida preparó algo de té para aquellos invitados inesperados. Mientras lo servía en unas tazas de aspecto rústico y se disculpaba por no tener nada mejor que ofrecerles, empezó a llover con fuerza. Todos se sorprendieron por aquella tormenta. El samurái Ii Naokata exclamó que, de no ser por la invitación del gato, la lluvia les hubiera cogido de imprevisto en la intemperie, estropeándoles las mercancías que transportaban.

Muy agradecido, Naokata se convirtió desde entonces en el principal mecenas del templo, donando campos de arroz y dinero. Así, el Gôtokuji llegó a ser uno de los más prósperos de la región. A la muerte del gato, el monje que lo cuidaba erigió una estatua en su honor, con una pata levantada como en ese gesto que había atraído al séquito de Naokata y con ellos la prosperidad del templo. Fue la primera figura de un maneki-neko y por eso se dice que atrae las visitas, el dinero y la suerte.

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Rincón del templo dedicado al maneki-neko, con cientos de estatuillas.

CÓMO LLEGAR
El templo Gôtokuji se encuentra a pocos minutos a pie de la estación de tren del mismo nombre. Desde la estación de Shinjuku, tenéis que coger la línea Odakyu en dirección Hon-Atsugi, con cuidado de subir a uno de los trenes locales que paran en todas las estaciones. Después de un viaje de unos 30 minutos, llegaréis a la estación Gôtokuji. Una vez, allí, tomáis la salida oeste y bajáis por la calle que transcurre paralela a las vías del tren. Al final deberéis tomar un desvío a la izquierda que lleva hasta el templo.

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Alrededores del Gôtokuji. A la izquierda, un cartel que indica cómo llegar al templo.

El templo Gôtokuji abre de 6:00 de la mañana a 18:00 de la tarde y es de entrada gratuita. Lo encontraréis dentro de un recinto arbolado y flanqueado por un muro, pero con enormes puertas de entrada que no tienen pérdida. Parece que según el día abre una puerta u otra: si la encontráis cerrada, rodead el perímetro del muro hasta dar con la que esté abierta. Dentro del templo, buscad el pequeño recinto dedicado al maneki-neko, con la imagen onírica de cientos de estatuillas por todas partes y a distintos niveles, todas alrededor de una imagen de Kannon, la diosa de la misericordia.

Como veréis, el barrio donde está ubicado el Gôtokuji es una tranquila zona residencial, sin interés turístico más allá del templo. Pero a pocas paradas de tren, en la misma línea Odakyu, encontraréis Shimokitazawa, uno de los barrios de moda entre los jóvenes tokiotas, epicentro de la cultura urbana más alternativa. Se puede aprovechar para verlo en la misma mañana.

Os dejamos la ubicación exacta en Google Maps del templo Gôtokuji.

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Tablillas ema del templo Gôtokuji.

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Didier Decoin – La Oficina de Estanques y Jardines

Hoy recomendamos La Oficina de Estanques y Jardines, novela que nos transporta al Japón del siglo XI. Es lo que conocemos como época Heian, uno de los momentos más fascinantes de la Historia japonesa. Hay numerosos libros que describen la refinada vida en corte del Emperador en aquella época: La Historia de Genji o El libro de la almohada, por ejemplo, son los más famosos. Por formar parte de la Corte sus autoras, generalmente ayudantes de alguna dama importante, no contaban en sus textos qué ocurría más allá del Palacio, en las zonas pobres que de hecho suponían el 99% de la población japonesa.

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Didier Decoin empieza su novela en un pequeño pueblo cerca de un río, donde hay poco tiempo para contemplar las flores porque a diario hay que arar, sembrar, recolectar, pescar… Desde allí, la campesina Miyuki se dirige a la capital imperial para entregar las carpas que abastecerán los estanques del Emperador. Esos peces son el último recuerdo de su marido, un pescador que acaba de fallecer, y llevarlos hasta Heian será una tarea titánica. El viaje de la protagonista, lleno de peligros, sirve como alegoría del proceso de pérdida y duelo.

“Los dioses habían creado la nada para convencer a los hombres de que la llenasen. No era la presencia que regulaba el mundo la que lo colmaba: eran el vacío, la ausencia, lo despoblado, la desaparición. Todo era nada. El malentendido procedía de que, desde el principio, creíamos que vivir era tener dominio sobre algo; ahora bien, no sucedía nada de eso, el universo era tan incorpóreo, sutil e impalpable como la estela de una doncella de entre dos neblinas en el sueño de un emperador. Un mundo flotante.”

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La prosa de Didier Decoin, que mezcla hábilmente sensualidad, Historia y poesía, nos ha recordado a la del mejor Tanizaki. Este autor francés, ganador del prestigioso premio Goncourt, ha invertido doce años en escribir esta novela. Se nota en cada página el trabajo de documentación y depuración del estilo para ofrecer una obra con verdadero sabor japonés. Didier construye imágenes hermosas que evocan ukiyo-e, frases bellas que casi suenan a haiku en prosa y también incluye escenas de alto contenido sexual que no deberían sorprendernos en una cultura como la japonesa, famosa por sus shunga (grabados eróticos). En definitiva, un trabajo impecable y digno de elogio.

La Oficina de Estanques y Jardines te gustará si… quieres regresar al mundo de La Historia de Genji.

En Haiku encontrarás muchos libros escritos y ambientados en la era Heian.

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Banana Yoshimoto – Lagartija

El año pasado Banana Yoshimoto, la escritora japonesa más popular después de Haruki Murakami, visitó el Salón del Manga de Barcelona. Pero llevábamos ya unos cuantos años esperando que se tradujera un nuevo libro suyo. Por fin termina la espera. En esta ocasión Tusquets rescata una de sus primeras obras, Lagartija, volumen publicado en Japón en 1993 e inédito hasta ahora en castellano. Reúne seis relatos de la primera época de la autora, cuando se abrió paso en la literatura japonesa con un estilo fresco, renovador, tratando temas modernos que conectaron con nuevas generaciones de lectores.

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Afortunadamente, veinticuatro años después de su publicación, las historias de este libro siguen ofreciendo esa frescura que caracteriza la prosa de Banana Yoshimoto. Son seis relatos reconfortantes, donde los protagonistas harán las paces consigo mismos, superando traumas y sinsabores del pasado. Personas en un momento de incertidumbre vital a las que la autora describe siempre con calidez, comprendiendo sus sentimientos más íntimos e inconfesables. El tono nos recuerda a otro libro suyo, Recuerdos de una callejón sin salida, cuyo título también hubiera encajado con este nuevo recopilatorio.

Algunos de los temas que se tratan a lo largo de las páginas son las expectativas en el amor, las consecuencias inesperadas de una infidelidad, los lazos familiares, las dificultades de independizarse, la espiritualidad no como religión sino como algo intuido e inexplicable, el peso de nuestras acciones… Siempre con el trasfondo de la agitada vida en la ciudad y con un punto de magia etérea revoloteando sobre cada historia. En definitiva, una lectura bonita que una vez cerrado el libro se recordará con cariño.

“Cuando era pequeña, siempre me sentía así después de un examen o por la noche, después de una competición deportiva. Me decía que una especie de brisa nueva correría por mi cuerpo, que al día siguiente por la mañana me habría librado por completo de todo lo sucedido hasta el día anterior. Cuando abriese los ojos relucirían como perlas. Esa noche conseguí creer en ello de manera tan cándida y sencilla como en aquella época, en la que siempre pensaba en ello como si fuese una oración.”

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Banana Yoshimoto es el pseudónimo literario de Mahoko Yoshimoto. La mayoría de sus libros nos han llegado gracias a la editorial Tusquets, que también publica a Murakami. Y además, la editorial Satori publicó uno de sus textos más inspiradores, Un viaje llamado vida, donde Yoshimoto reflexionaba acerca de diversos episodios de su vida. Todavía quedan por traducir varias novelas y relatos de esta escritora. Ojalá podamos disfrutarlos pronto.

Lagartija te gustará si… crees en el refrán japonés “Caer siete veces, levantarse ocho” (七転び八起き).

En la librería Haiku encontrarás todos los libros de Banana Yoshimoto.

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Osamu Dazai – El declive

El Osamu Dazai, autor de vida tortuosa que sigue siendo un símbolo para los jóvenes japoneses más inconformistas, se dio a conocer por sus relatos y novelas de tintes autobiográficos. En sus historias narraba episodios de su vida, más o menos ficcionalizados, con un tono duro, casi cruel, que huye del victimismo y que sabe hacer uso del humor y hasta de recursos líricos. El declive fue su primera novela, quizás menos conocida que la oscurísima Indigno de ser humano, pero muy interesante porque en ella Dazai jugó al espejo. Se describe a sí mismo, sus vicios y defectos, como los verían su familia. Lo hace usando un alter ego, el hermano de la protagonista, pero fácilmente identificable.

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El punto de partida de la novela es el traslado de Kazuko junto a su madre enferma a un pueblo rural de la península de Izu. Tras la guerra, la familia está arruinada y tiene que vender su mansión de Tokio y empezar una vida en el campo. La frágil calma que empiezan a construir ambas mujeres en su casa baja de madera se verá alterada al regresar el hermano de Kazuko: desaparecido en el frente y ahora adicto al opio, al alcohol y con numerosas deudas.

Lejos de quedarse en el mero autorretrato, el autor describe también el Japón de su época, la sensación de derrota personal y moral que sufrió después de la II Guerra Mundial, la diferencia entre una generación que miraba al pasado con nostalgia y otra más joven que hará todo lo posible, por desesperado que sea, para mantenerse en pie. Con estos ingredientes, lógicamente Dazai construye una novela triste y a ratos desoladora, pero con pinceladas de belleza. Como una sonrisa evaporándose en plena noche. Esta técnica es habitual del autor y aquí la utiliza con la libertad de que la narradora del libro sea la ingenua pero tenaz Kazuko.

“Me gustan las ramas desnudas. Aunque estén despojadas de flores, hojas y brotes, están completamente vivas. No son ramas muertas.”

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En definitiva, una buena oportunidad para conocer a este gran escritor japonés de mediados del siglo XX. Y es que más allá de su llamativa vida: torturado por la policía, desheredado por su familia noble, adicto a la morfina y al alcohol, enamorado de una geisha, mujeriego, acabó suicidándose tras varios intentos junto a una amante. De todo ello da buena cuenta en libros como Ochos escenas de Tokio, Repudiados (ambos publicados por Sajalín) o Recuerdos (publicado por Satori).

El declive te gustará si… después de Mishima, quieres conocer autores casi tan contundentes.

Esta novela la encontrarás en la librería Haiku junto a las demás obras de Osamu Dazai.

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Libros para aislarse del ruido del mundo

c48cae49d49c4ee56adf9b82917e0931--japanese-flowers-art-asiatiqueGrabado: ‘Flores de loto en el templo Tofuku-ji’ de Masao Ido.

Dicen que los libros son puertas a otros mundos. Como mínimo, creemos que su lectura sí nos despeja la mente, aislándonos así del ajetreo de la vida diaria. Por ello recomendamos estas lecturas amenas y enriquecedoras. Date un respiro y aprecia página a página las cosas realmente importantes.

Duomo_COBERTA_Manual_de_limpieza_esp - Copia.inddManual de un monje budista para liberarse del ruido del mundo (Keisuke Matsumoto, ed. Duomo)

La colección Sakura nos acerca el zen desde una perspectiva moderna. El autor de este libro, por ejemplo, es un monje zen que vive en Tokio, va en metro, se encarga entre otras tareas de actualizar la web de su templo… Una visión atípica en la que sentirnos identificados. Matsumoto nos invita a encontrar rincones de paz en mitad del caos de las grandes ciudades.


2574Haiku-dô, el haiku como camino espiritual (Vicente Haya, ed. Kairós)

Este es uno de los libros que más recomendamos en la librería. Además de una excelente selección de poemas japoneses, el traductor Vicente Haya nos ofrece las claves de la sensibilidad japonesa. Cada capítulo nos llevará a apreciar mejor los haikus, pero también a entender los ojos de quienes los escribieron. Para contemplar el mundo con una mirada nueva.


1494836355-cuentos-de-hadas-japoneses_grace-jamesCuentos de hadas japoneses (Grace James, ed. Satori)

Desde siempre, los cuentos de hadas han servido para, a la luz de la hoguiera, creer en otros mundos y en los seres fantásticos que los pueblan. Esta es una de las mejores selecciones de esas historias tradicionales japonesas llenas de fantasmas, princesas y nostalgia.


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El libro del té (Kakuzo Okakura, ed. Miraguano)

La ceremonia del té japonesa entronca con muchas otras tradiciones japonesas: la pintura, la arquitectura, el zen… Este fascinante estudio parte del mundo del té, su ritual y sus utensilios para hablarnos de muchas otras cosas. Una lectura clásica de la que seguimos aprendiendo.


el gato que venia del cieloEl gato que venía del cielo (Takashi Hiraide, ed. Alfaguara)

Una novela de prosa exquisita, casi poética, para contar una historia íntima, pequeña y por ello importante. Empezar una nueva vida en el campo es más fácil si un gato decide adoptarte…


Hiroshige-Cien-Famosas-Vistas-De-Edo-Edicion-bilingueCien famosas vistas de Edo (Hiroshige, ed. Taschen)

Este volumen recopila los más de cien grabados que Hiroshige dedicó a la ciudad de Edo, la antigua Tokio. Cada página a todo color es una ventana a un mundo desaparecido. Los textos que acompañan las imágenes amplían la información de cada lugar: su simbolismo, su importancia histórica… Para viajar desde el sofá.

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